Arequipa

Todos los Santos un día de visita y de negocios en los cementerios

3 de noviembre de 2019

Las familias acuden a los cementerios para recordar al pariente que falleció. Estas fechas son aprovechadas por jóvenes trabajadores y mujeres para ganarse unos soles.

Por Gustavo Callapiña.

El 1 de noviembre de todos los años se celebra el día de Todos los Santos y es uno de los días en los que la mayoría de cementerios abarrotados por cientos de personas, padres, hijos, nietos, que aprovechan para visitar a aquellos seres queridos que fallecieron, a quienes llevan flores, contratan a jovencitos para que limpien los nichos de sus familiares, o a cantantes, quienes aprovechan este día para generarse un ingreso extra a su economía familiar. Si bien es un día dedicado a recordar, también es una oportunidad para jóvenes, señoras, y niños trabajadores, que ayudan a familias enteras que acuden a los camposantos de la ciudad

El cementerio de Paucarpata es uno de los más tradicionales de la Ciudad Blanca. Está ubicado a pocas cuadras de la plaza principal de este distrito. Son cerca de las 11:00 de la mañana. La calle que conduce hasta el camposanto, está colmada de negocios. Los servicios se ofrecen a variados precios. En pequeñas carpas acondicionadas con plásticos y fierros se ofertan platos de comida, flores y coronas para los difuntos, pulseras, collares, y hasta lugares como si fueran la selva peruana, para aquellos que deseen tomarse fotos. Es un día en que las calles de la ciudad están desoladas, los cementerios repletos.

Ir a un cementerio, es en la mayoría de casos, recordar momentos dolorosos. Es ir a recordar a alguien que queríamos y que ya no se encuentra con vida. Sin embargo, muchas familias prefieren cambiar el tono de su visita y recordar a sus familiares con alegría. Mientras caminamos en uno de los pabellones, los hijos y nietos de Isidro Benavente, cantan y bailan, mientras beben una cerveza. Lo recuerdan alegremente como era él cuando aún estaba con vida.

El encargado de alegrarles este día es don Víctor de 42 años, acompañado de su hija y un pequeño parlante.

“La orquesta que me va a acompañar, cuando yo muera, ya está contratada, cancelada, y bien pagada. No te preocupes amor, si a mi tumba no vienes a verme. Ayer hablé con el guardián del cementerio para que cuide mi tumba y entre copas y canciones hemos cerrado el compromiso. Aquí venimos don Isidro Benavente acompañando en este día tan especial”, es parte de una de sus canciones preparadas para este momento.

Don Víctor inició en este “recurseo” como él lo llama, a los 20 años. Arequipeño de nacimiento, cuando aún era soltero, se juntaba con un grupo de amigos y aprovechando el feriado, y sin hacer nada en casa, venía hasta este cementerio para cantarle a los muertitos.

Hoy 22 años después, ha decidido venir por primera vez con su hija Denisse, para que lo acompañe en sus aventuras musicales.
“Hacer esto es algo innato en mí y también me sirve como un pequeño oficio pues la situación económica de estos tiempos no es fácil así que trato de recursearme”, comenta.

Ha culminado su presentación. Las canciones que le ha dedicado a don Isidro, son las primeras del día. El costo aproximado por cada presentación oscila entre los 10 y 15 soles, y los temas son variados. Desde canciones de artistas nacionales como el reconocido Chacalón hasta temas de las de Carmencita Lara, o Leo Dan o “Mi Querido Viejo” de Piero.

COLOCAR LAS FLORES

Las personas que vienen a los cementerios tienen una tradición: llevar flores a los nichos o tumbas de sus seres queridos. Son compradas afuera o al interior del mismo. El precio varía entre tres a cinco soles y para colocarlas en las tumbas, requieren de recipientes con agua.

Ruth es una de las personas que se dedica a facilitarles esta tarea a los visitantes. Junto a sus tres hijos se ha preparado para este día, cortando botellas de plástico y convirtiéndolas en forma de vasos. Está ubicada en la entrada, y mientras ofrece a 0.50 y un sol cada uno de sus recipientes con agua, cuenta cómo se animó a realizar esta labor.

“Llegué a trabajar aquí más que todo por mi hijita Flor, que le gustaba ver como venían las personas, llevando flores a las tumbas y desde hace tres años ya me dedico a esto en estos días”, relata.

Desde el año 2017 se dedica a esta labor únicamente los jueves. Los viernes también visita a su hermano mayor que falleció antes que naciera. Está enterrado en el cementerio de Paucarpata, y junto a sus tres hermanos, papás e hijos se reúnen para recordarlo en esta fecha.

María Flores es otra de las personas que aprovecha este día para generarse un ingreso extra. Cargando un pequeño balde en la mano repleto de cervezas, gaseosas y agua se dedica a ofrecer a los visitantes, quienes se juntan para compartir y brindar con sus almitas.

Por diversos puntos del cementerio están ubicados jóvenes con brochas, botes de pintura, espátulas, y demás herramientas, con las cuales ofrecen al paso sus servicios. Son los encargados de limpiar las tumbas empolvadas o descoloridas. Son los arquitectos encargados de darles brillo y dejarlas como nuevas.

Hay otros que prefieren hacerlo por su cuenta, como el señor Eugenio Choque. Esta mañana del jueves ha venido solo y se ha puesto a pintar las rejas, y contorno de la tumba de su suegra.

Su esposa y sus dos hijos, se han quedado en casa, alistando una ofrenda compuesta de guaguas y caramelos para regalar a los demás familiares, que vendrán a visitarla un día después. Prefiere hacerlo él, pues así le demuestra el cariño que le tuvo en vida.

Hay también personas que acuden a los cementerios por vocación. Uno de ellos es el cura a quien llamaremos Juan. Joven, que recorre entre las tumbas ofreciendo oraciones de manera gratuita, a todos aquellos que se lo pidan.

“Una oración es el mejor regalo que le podemos dar a una persona. Es un regalo que el alma puede recibir y más que una corona o flores que sabemos que eso se van a marchitar la oración es lo que no va a morir y va permanecer siempre en cada uno de nuestros corazones y en nuestra almita para que ellos intercedan ante Dios para que siempre nos proteja y nos de buena salud a todos los que oramos por ellos”, comenta.

Las personas siguen llegando de a pocos. Es un día de reflexión y de recuerdo para los que se marcharon, y también un día en el que personas como Ruth, Víctor, María, y otros aprovechan para facilitar la labor a los visitantes y de paso generarse un ingreso económico aprovechando esta ocasión.

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