Arequipa

Un Viernes Santo distinto en Arequipa y el mundo

10 de abril de 2020
En esta oportunidad no saldrá a recorrer las calles de Arequipa.

Desde tiempos inmemoriales, Arequipa, la «Roma del Perú», se le reconoció como fervorosa en estos días mayores o santos, donde se conmemora la Pasión y Muerte de Jesucristo.

Gran parte de la humanidad está atravesando una crisis sanitaria y social, tal vez, debido a la pérdida del sentido moral y ético, consecuencia de la pérdida del sentido cristiano católico, que es de donde se deriva la otrora fortaleza del hombre.

La pandemia actual, como muchas otras que han ocurrido en el mundo a través de la historia, no es ajena a nuestro Continente y mucho menos a nuestra patria y sobre todo a nuestra ciudad de Arequipa, a esta «Roma del Perú«, que desde tiempos inmemoriales se le reconoció como fervorosa en estos días mayores o santos, donde se conmemora la Pasión y Muerte de Jesucristo.

Hoy, Viernes Santo, como ha ocurrido en gran parte de la Cuaresma, la semana Santa y como parece ser, que ocurrirá en la Pascua de Resurrección, no se podrá manifestar públicamente aquello que nuestro, no solo sentimiento, sino el corazón exulta en estos días. Ahora se tendrá que conmemorar en el hogar, ya sea personalmente o en familia, pero sin duda alguna, añorando las diversas actividades «de toda una vida» por las que Arequipa, demostró sabido fervor.

En esta Semana Santa, no podremos asistir a visitar los sendos Monumentos Eucarísticos, peor aún, nosotros los católicos, no podremos recibir los sacramentos, en días tan señalados y de precepto. Confiemos que la «cuarentena» y «estado de emergencia», tenga los resultados que esperamos y que la pandemia, en nuestro país, no tenga aquel impacto que se ha dado en el viejo continente.

Por: Roberto Lazo Zapata

Desde épocas de antaño la procesión siempre estuvo presente.

Mayordomo de la Hermandad

Una de las más trascendentales manifestaciones religiosas en Arequipa, sobretodo en la Semana Santa, es la actual procesión de Viernes Santo, la misma que se remonta desde el año 1871, organizada por la respetable Venerable Hermandad de Caballeros del Santo Sepulcro en el Templo de Santo Domingo, y que coincidentemente, en el presente año viene celebrando el Sesquicentenario de su fundación, institución eminentemente arequipeña, que trasciende al ámbito religioso y se extiende a nivel social y cultural, en su ya larguísima trayectoria, teniendo sus orígenes desde la antigua Archicofradía de Caballeros de la Veracruz, fundada en nuestra ciudad en el año de 1545, en el convento de San Pablo de Predicadores (Dominicos).

Esta Hermandad del Santo Sepulcro, es en la actualidad, la institsa laical más antigua de la Región Sur y una de las más antiguas del Perú, reconocimiento que ha recibido de la Santa Sede de Roma, que a través de la Penitenciaría Apostólica ha concedido la Indulgencia Plenaria a sus miembros y a todo el pueblo arequipeño y visitantes, con motivo de su Año Jubilar.

Asimismo, ha facultado al Arzobispo de Arequipa delegando a nombre del Papa Francisco, a impartir la Bendición Papal, hechos que ocurren por vez primera en la Ciudad Blanca, con motivo de la efeméride de una hermandad.

Cristo Yacente del Santo Sepulcro, su cuerpo es bajado de la cruz.

En este día, el Cristo Yacente del Santo Sepulcro, la venerada imagen de la Virgen de los Dolores, el «Miserere Arequipeño», el sonido de la matraca, la melancólica «Marcha fúnebre de Morán», las velas verdes, el silencio y el recogimiento que embargaba cada Viernes Santo, nuestras calles del centro histórico, no se verán aquellas andas sobrias con las imágenes de la Pasión de Cristo, no sentiremos las melodías, no las contemplaremos desde las veredas de las calles, desde las gradas de las tiendas comerciales cerradas y sin luces, desde las gradas del atrio de la Catedral y en nuestra imponente Plaza de Armas.

No tendremos la compañía, física, de nuestro Arzobispo y seminaristas, de las Autoridades de la Región, de la Banda Conjunta del Ejército Peruano, de los Frailes Dominicos y de los Caballeros del Santo Sepulcro y de todo el pueblo fiel que acompaña piadosamente esta procesión y de aquellos innumerables devotos que cargan el anda de la Virgen Dolorosa, también extrañaremos, a los amigos de la prensa local y nacional, los visitantes y aquellos que regresan a la «Patria chica» para asistir como siempre, a presenciar y a recordar a su familia en esta procesión tan arequipeña.

Este año, el Arzobispo y sacerdotes, estarán acompañando al pueblo desde sus residencias orando, nuestras autoridades, muchas de ellas, trabajando o preocupándose por el bien común social junto a los médicos y enfermeras; los policías y militares, estarán cuidando que se respete la ley por nuestra salud, y los hermanos y fieles, estarán en sus hogares, rezando y meditando en aquellas actividades, que, gracias a la tecnología se podrán seguir desde las redes sociales, que para algo bueno tenían que servir: YouTube y Facebook.

La Hermandad es una de las más añejas y respetadas de la ciudad.

Este es un Viernes Santo distinto, pero que sea un día de reflexión, de lo mucho que despreciamos y dejamos de lado muchas veces y años, y que lo cambiamos por ir de campamento o a la playa, al tener salud colectiva y libertad, y que ahora añoramos con pena y tristeza.

Confiemos en Dios, que todo vuelva, paulatinamente, a la normalidad y que saquemos provecho humano y espiritual de lo que venimos viviendo. El relato del «Elogio al Santo Sepulcro» que un buen hijo de esta ciudad acuñó de su puño y letra, como lo fue Juan Guillermo Carpio Muñoz, nos haga recordar y animar para un futuro muy cercano, porque en él se condensa lo que se vivía en Arequipa, en este día tan especial.

ELOGIO

Por: Juan Guillermo Carpio Muñoz*

*Dedico este sencillo elogio con insuperable estima, a la Centenaria y Venerable Hermandad de Caballeros del Santo Sepulcro, ha pedido de su señor Mayordomo Roberto Lazo.

Quien diría que es posible, que de un sepulcro revive, para el creyente, la vida inmortal, que nos narran los evangelios de la vida del Nazareno nacido en Belén de Judá y sacrificado a extramuros de Jerusalén.

Nuestros abuelos españoles, lo trajeron y enseñaron y, nuestros abuelos oriundos, con solo verlo, les inspiró elevar deprecaciones al cielo acompañados de sus copiosos suspiros.

Compartir

Leer comentarios