Arequipa

Una cadena perpetua voluntaria

8 de diciembre de 2019

El error de un amigo lo llevó hace más de 30 años a pisar por primera vez una cárcel, desde entonces se autosentenció a vivir una cadena perpetua de apoyo a los privados de su libertad. Ser la mano que conforta en la enfermedad, los oídos que acogen confesiones y la última voz que oye el recluso antes de expirar en soledad.

Por: Mariela Zuni M.

Roberto Cervantes Rivera, acorde a su profesión, está haciendo historia. Ha observado desde fuera y dentro de los barrotes la “involución” del sistema penitenciario en el país, que de tener 20 mil internos en los 90 ahora cuenta con una población superior a los 100 mil hombres y mujeres.

Siendo un joven historiador pisó hace más de tres décadas una prisión. Motivado por el gran cariño a un amigo que había resultado preso dejó sus miedos y se introdujo voluntariamente en ese submundo violento y oscuro. El reo que visitaba dejó el penal después de ocho meses, sin embargo, Roberto decidió quedarse por su convicción pastoral.

Visita los penales de varones y mujeres para contextualizar el acompañamiento y apoyo de los internos. También va a los hospitales o cuando mueren en el penal acude para poder brindarles cristiana sepultura. Asiste a albergues donde hay niños privados de su libertad, abandonados por su familia.

En este tiempo son miles las experiencias de alegría y amargura que ha experimentado acompañando a la gente en su encierro. Conmoviéndose con el niño que desde fuera de las rejas le grita a su padre que deje de vivir con extraños para estar con él.

“En mis brazos han muerto muchas personas. Es una desdicha ser pobre, estar preso, enfermo y sin familia. Todas las desgracias en una sola persona. Trato de acompañar la agonía de reos que mueren en el abandono ante la indiferencia de la familia y la sociedad”, comenta.

Cervantes observa desde dentro la problemática de los internos, si bien casi todos dicen ser inocentes, el sistema penitenciario no garantiza que esa persona verdaderamente asuma su responsabilidad y cambie.

Según su perspectiva, las cárceles necesitan una justicia restaurativa más que una punitiva. “Hay jueces que tiran la llave al río y se olvidan de los reos. Antes existían los jueces de ejecución penal y estos tenían que verificar las condiciones de los internos sentenciados. Ahora eso ha desaparecido”, expresa.

Por eso es importante el acompañamiento, algunos pueden salir sin reconocer su delito sin tomar conciencia que hicieron mal y pedir perdón. Muchos no hacen ese proceso por falta de tratamiento.

“La cárcel no es mágica, la cárcel no cura inmediatamente, si alguien va por abuso sexual después de 30 años de encierro sale y al día siguiente puede violar. Han cometido ello porque están mal y descubrir las causas es responsabilidad de la familia, el Estado, la autoridad. Solo importa el efecto y las causas a casi nadie le preocupa”, dice exhortando al Gobierno a dar el cambio.

Estando detrás de las rejas en forma voluntaria Cervantes ha visto los cambios en el sistema penitenciario. “Se ha deteriorado y empobrecido. En la década del 90 eran 20 mil en cárcel ahora pasan los 100 mil”.

Explicó que este fenómeno se inició en el gobierno de Alberto Fujimori, al aumentarse las penas con el tema de robo agravado, empezando a encerrar a la gente por mucho tiempo. Cortando los beneficios penitenciarios, es decir, la cárcel no tiene un tubo de escape, y esto ha recrudecido la violencia en el interior.

“Esta variable de penas altas y la disminución del delito no tienen relación. Cuando un postulante al Congreso pide cadena perpetua o pena de muerte es demagogia, una mentira”, mencionó.

Su preocupación también va por los problemas sociales complejos, que afectan a los niños y jóvenes. Los factores que los llevan a delinquir. “La pregunta es por qué lo hizo, si fue expulsado del colegio, tienen problemas familiares, consume drogas. Todo eso no se puede resolver con la variable cárcel”.

Roberto Cervantes propone que desde la academia se deben hacer estudios para establecer las causas del fallido sistema penitenciario peruano. Conocer por qué los delitos han tenido una involución histórica. Ahora los ilícitos son más crueles.

Aquí plantea el tema de justicia restaurativa, el retorno de la comunidad en el proceso de justicia. En el sistema actual los protagonistas son el juez, Ministerio Público y el victimario, cuando en realidad los protagonistas son la víctima, el victimario y la comunidad.

En dicho contexto, es necesario cambiar el chip de la sociedad civil, comprenda que la justicia no es venganza, que los jueces no solo vean un catálogo para aplicar la ley. Que a los internos se les dé por igual la posibilidad de resarcir su pena con un cambio.

“En Arequipa de 2 mil internos apenas el 20 % accede a los programas como cárceles productivas, el resto no. El discurso es bonito, pero, se debe ver la implementación de los talleres para todos”.

En el penal es un espacio deshumanizante y violento. Donde entra el hombre y el ser humano se queda fuera. “Nunca he visto la expresión de la violencia en otros lugares más que en la cárcel, en todo nivel que puede destruir al ser humano. Creo que también las experiencias que se pueden hacer dentro pueden ser un respiro, pero es imposible con más de 2 mil personas”.

Roberto Cervantes es catedrático de la Universidad Nacional de San Agustín, incluso hace partícipe de sus experiencias con gente privada de su libertad a sus jóvenes estudiantes de la Facultad de Histórico Sociales.
Es especialista en Derechos Humanos y Derechos del Niño y del Adolescente. Además, cursa actualmente su segunda carrera de Teología.

Paralelo a su trabajo y estudios en las aulas agustinas es responsable de la Asociación Opa Niños Libres y tiene a su cargo el proyecto Niñez sin Rejas. Cuenta con un programa de radio que está por cumplir 25 años al aire, donde se aborda la problemática de las personas privadas de su libertad, ya sean niños, adolescente o adultos.

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